Las letras artesanas que hacían irrepetibles los libros medievales

Los autores de estas obras de arte usaban pan de oro y lapislázuli para dar color a las páginas

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Defenderte de los ataques de los haters o simplemente escribir tu nombre. Todo queda mejor si se hace con las letras capitulares de los manuscritos medievales. Es posible gracias a la web en francés Pictor: escribes la frase deseada, das clic, et voilà, construye las palabras letra por letra y te da la posibilidad de variar el resultado al gusto, entre un amplio archivo de imágenes digitalizadas por la Biblioteca Virtual de Manuscritos Medievales, un proyecto apoyado por el Ministerio de Cultura de Francia. Luis Pastor, ilustrador conocido en redes por su labor de divulgación cultural, ha sido quien ha popularizado la web en España a través de Twitter. A él se sumaron multitud de usuarios, convirtiendo mensajes de todo tipo en manuscritos originales.

La Edad Media ha pasado a la historia rodeada de tópicos. Lejos de ser la época oscura que algunos imaginan, este periodo nos ha dejado algunas de las manifestaciones artísticas más increíbles, de asombrosa calidad. No es solo el momento de esplendor de las iglesias y las grandes catedrales, también destaca en las artes decorativas. Es la época central de los grandes manuscritos iluminados, textos escritos a mano y cuidadosamente decorados con dibujos y letras iniciales ornamentadas. Se empleaban pigmentos de una altísima calidad, como el lapislázuli, mineral del que se obtenía un color azul intenso, así como otros valiosos materiales como el pan de oro.

Página de un libro medieval de la Basílica de San Pedro, en Perugia (Italia). De Agostini

La mayoría de los textos medievales tenían un carácter religioso y esto se debe a que, en aquel momento, los monasterios se convirtieron en auténticos centros de cultura dentro de una sociedad mayoritariamente analfabeta. Algunos de ellos poseían un espacio conocido como scriptoria, donde los monjes se dedicaban a copiar a mano los diferentes tipos de textos.

¿Cómo se hacían los manuscritos iluminados?

Los manuscritos medievales dejaron atrás el papiro y empezaron a usar como soporte básico el pergamino y el papel vitela, un tipo de pergamino especialmente fino y pulido, ya que ofrecían una mayor resistencia. El formato también vivió cambios en busca de la eficiencia y la comodidad: se abandonaron los rollos por los códices, formados por pliegos de hojas cosidos y cubiertos con tapas duras. Se estaba definiendo la forma de lo que más tarde serían los libros.

En primer lugar se escribía el texto, dejando los espacios necesarios para las letras capitulares y los dibujos, que se hacían con posterioridad para evitar que se tuvieran que repetir en caso de fallo en la escritura. Los miniaturistas solían emplear motivos que impactasen en el lector y, pese a las dificultades de la época, solían desplazarse para realizar sus obras en distintos lugares. Sus obras no tenían por qué tener un tamaño reducido, en ocasiones ocupaban páginas completas.

Escena de la Anunciación, en un manuscrito francés del siglo XV, el Libro de las Horas de Rohan. Getty Images

Aunque hoy en día las letras capitulares cumplen únicamente con una función estética, su importancia en la antigüedad era vital. Los manuscritos medievales acostumbraban a escribirse con una letra muy homogénea, en su mayoría en mayúsculas y sin signos de puntuación, por lo que su lectura resultaba difícil. Así, las letras capitulares, además de su belleza decorativa, servían para guiar al lector, marcando el inicio de una nueva sección dentro del texto.

La invención de la imprenta no supuso el fin inmediato de los manuscritos, existiendo un periodo de convivencia. Es más, los primeros libros impresos reprodujeron el estilo dejando el espacio necesario para las miniaturas, las letras capitulares y el resto de los motivos decorativos, que se añadían más tarde a mano.

Los principales tipos de manuscritos iluminados

Se han conservado y conocen varios tipos de manuscritos iluminados, la mayor parte de carácter religioso. La Biblia no podía faltar entre los documentos más reproducidos del momento. Un ejemplo lo encontramos en el Codex Biblicus Legionensis, más conocido como Biblia mozárabe de San Isidoro de León, fechada en el año 960. Esta es considerada como uno de los textos medievales más valiosos y mejor documentados.

La Biblia mozárabe se expone en el Museo de San Isidoro en León. Wikimedia Commons

El territorio hispánico lo dominan los beatos, copias del comentario del Apocalipsis del Beato de Liébana, escrito hacia el año 786. Se conservan más de 30 ejemplares; no todos están ilustrados, pero sí su gran mayoría. Un ejemplo es el del Beato de Gerona, el beato conservado con más miniaturas, que fue iluminado por la monja Ende. Otro ejemplo destacado es el del Beato de Morgan, realizado por el monje Magio en el monasterio leonés de San Miguel de Escalada, en él los colores vivos dominan las miniaturas e incluso ocupan los fondos.

Los bestiarios, otro de los géneros más comunes, recogían e ilustraban un gran número de criaturas fantásticas y reales que servían como metáfora para representar el bien y el mal. Por ejemplo, el dios cristiano se asociaba con las aves y los leones, seres valientes y leales, mientras que otras criaturas, como las serpientes o los basiliscos, se ligaban con el mal. Un ejemplo destacado es el del Bestiario de Aberdeen, realizado en Inglaterra hacia el siglo XII, que ilustra con animales las distintas creencias populares y que fue digitalizado en alta resolución.

Página del Bestiario de Aberdeen dedicado a la creación de los animales

Dentro de su carácter religioso, la temática de estos textos es bastante variada. Además de los ya mencionados existían muchos otros como los salterios (libros de salmos), las vidas de santos ilustradas o los antifonarios. Cabe destacar el Códice Calixtino, cuyo original se conserva en el archivo de la Catedral de Santiago de Compostela, el mismo que fue robado en 2011 por un electricista y recuperado un año más tarde. Este tiene un marcado carácter propagandístico e incluye una auténtica guía para todos aquellos que se decidían a realizar el Camino de Santiago.

El Códice Calixtino se conserva en el archivo de la catedral de Santiago de Compostela. EFE

A finales de la Edad Media, los libros de horas ganaron mucha popularidad. Estos textos incluían toda una serie de oraciones y estaba ilustrados con imágenes devocionales. Además, tenían un carácter único, ya que se realizaban para una persona en concreto, normalmente perteneciente a la nobleza. Personalidades tan importantes como Carlos V poseían su propio libro de horas, realizado hacia 1500 en un taller parisino.

Extracto del Libro de Horas de Carlos V. Biblioteca Nacional de España

Libros encadenados

Con todo el trabajo que entrañaba la realización de estos libros, resulta evidente su alto coste. Aparte del analfabetismo general, muy pocas personas tenían los medios suficientes para poseer una de estas obras. A finales de la Edad Media, cada vez más gente sentía interés por la lectura, pero no poseía los recursos necesarios para tener su propio libro. Así, las bibliotecas eran una buena opción para este tipo de personas.

Pero no iban a exponer su tesoro a posibles ladrones sin ningún tipo de seguridad, así que desarrollaron medidas antirrobo un tanto peculiares, con lo que podían: los libros se ataban con cadenas, de manera que el acceso a ellos fuera posible pero impidiendo que nadie pudiera sacarlos de la estancia. Así que sí, la biblioteca de la Ciudadela de Juego de tronos está inspirada en la realidad.

La invención de la imprenta y su evolución facilitó la realización de los libros y abarató sus costes; en un sentido poético podríamos decir que cortó sus cadenas, en busca de un acceso más libre. Hoy, parece que volvemos experimentar un nuevo cambio: ¿será la desaparición de los libros físicos el próximo paso?

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